Pablo Neruda como personaje de ficción

Si se dejan a un lado todos los premios, homenajes o cualquier otro reconocimiento formal posible a las obras cumbres de las distintas áreas del conocimiento, nos queda que uno de los gestos de gratitud más genuinos y espontáneo que se pueden hacer al respecto (aparte de aparecer en Los Simpsons), es que el nombre de su autor se vuelva un sinónimo. Pero dentro de este ejercicio de rendir tributos hay otro recurso más curioso aún, y que da razón de ser a este artículo: se refiere al uso del autor como personaje de ficción.

Un ejemplo local claro se encuentra en la imagen del icónico poeta Pablo Neruda, quien ha sido por años, para bien o para mal, una de las cartas de presentación más potente de Chile en el mundo. El nivel alcanzado por su obra se ha visto siempre contrastado con los oscuros pasajes asociados a su vida personal. Esto lo ha vuelto a los ojos del mundo un personaje polémico, complejo, multidimensional y sobretodo atractivo para las ventas. Sus premios, actos políticos y vida personal han sido foco de innumerables publicaciones que siempre parecen tener un público cautivo. El mismo vate decía que cuando muriera “me van a publicar hasta los calcetines”.

La figura del poeta está trazada tanto por sus logros intelectuales como por sus acusaciones de irresponsable vida personal.

Es incontable la cantidad de biografías, anecdotarios, diarios u otros similares (autorizados y no autorizados), que se han publicado y se siguen publicando sobre Neruda. En lo que respecta a la presente publicación, se aborda el extremo opuesto, donde la figura del poeta es usada como un personaje más dentro de una historia de ficción, y que si bien pueden haber coincidencias con la vida del Nobel, no está obligada a dar cuenta de la verosimilitud de los hechos que ocurran en ello. Mal que mal, ficción es ficción.

En la mayoría de los casos presentados en la siguiente lista, encontramos al Nobel como un personaje secundario, cuya intervención se limita a soslayar la historia, dándole el condimento necesario que sólo puede aportar una figura tan compleja y polémica como la suya.


1) “Me alquilo para soñar” de Gabriel García Márquez

En el año 1992 el escritor colombiano publicaba sus “12 Cuentos Peregrinos”. Una agrupación de relatos de diversas índole, que van de lo cotidiano a lo extraordinario. Su publicación fue una tramitación de dieciocho años, ya que estas ideas se iban transformando en otros proyectos como notas periodísticas o guiones de cine.

El escritor colombiano vuelca toda su creatividad en esta recopilación de cuentos.
El escritor colombiano vuelca toda su creatividad en esta recopilación de cuentos.

Me alquilo para soñar, es el cuarto relato en donde el escritor narra cuando se entera de la muerte de Frau Frida, una mujer que trabajaba para la gente más acomodada, adivinando el futuro por medio de sus sueños. El escritor comienza a recordar cómo conoció a esta misteriosa mujer, y es ahí donde tiene aparición el poeta:

A las tres nos separamos de ella para acompañar a Neruda a su siesta sagrada. La hizo en nuestra casa, después de unos preparativos solemnes que de algún modo recordaban la ceremonia del té en el Japón. Había que abrir unas ventanas y cerrar otras para que hubiera el grado de calor exacto y una cierta clase de luz en cierta dirección, y un silencio absoluto. Neruda se durmió al instante, y despertó diez minutos después, como los niños, cuando menos pensábamos. Apareció en la sala restaurado y con el monograma de la almohada impreso en la mejilla.
—Soñé con esa mujer que sueña —dijo. Matilde quiso que le contara el sueño.
—Soñé que ella estaba soñando conmigo —dijo él.
—Eso es de Borges —le dije. Él me miró desencantado. —¿Ya está escrito?
—Si no está escrito se va a escribir alguna vez —le dije . Será uno de sus laberintos.


2) “El Caso Neruda” de Roberto Ampuero

Corría el año 2008, y Roberto Ampuero anunciaba con bombos y platillos la publicación de una nueva aventura de su detective cubano Cayetano Brulé. Metiéndose en los pasajes más oscuros del poeta, pero no lo suficiente como para quemarse, esta novela policiaca narra las aventuras del detective que, encargado por el vate, va en búsqueda de una de sus hijas. La presencia del poeta en la novela es esporádica y casi fantasmal, dándole un aire de misterio a su figura. Esta novela puede ubicarse entre lo rescatable dentro de la no tan atractiva propuesta del escritor.

La historia del detective cubano gira en torno al enigma de una misteriosa mujer 

A continuación un extracto de cuando el poeta tiene su primer encuentro con el detective:
Así se quedó (Cayetano) hasta perder la noción del tiempo. Nadie lo echaba de menos, evidentemente. Pero entonces, cuando ya la reunión chilena le parecía transcurrir muy lejos y casi en otra época, o más bien a lo largo de un sueño impreciso, escuchó a sus espaldas unos pasos que lo sacaron de su modesto limbo. Alguien había entrado; afortunadamente, tampoco había encendido otra luz. Como él, el intruso prefería la penumbra; quizás también añoraba la soledad. Se quedó quieto y evitó hacer cualquier ruido. Tal vez el otro se había equivocado de sitio, o al no ver a nadie lo dejaría en paz. Pero los pasos se siguieron acercando, lentos, como si los pies dudaran del suelo que pisaban, hasta detenerse por fin cerca suyo. —¿Cómo está, caballero? 
La interrupción había logrado que Cayetano al fin girara. Así advirtió que el hombre no estaba a sus espaldas sino de pie casi a su lado. Y, asombrado, lo reconoció. Durante la fiesta no se había atrevido a acercársele, inhibido no solo por el estrecho círculo de admiradores que lo rodeaba sino también por la autoridad que atribuía a esa figura gruesa de movimientos lentos, cuya lánguida mirada de grandes párpados de saurio había ido del mar a él y de vuelta al mar durante esa conversación en que él ni siquiera se había dignado a mirarlo. Y ahora el gran poeta y distinguido embajador de Salvador Allende en Francia, se alejaba tironeado por aquella mujer. Nunca había estado a solas con un nobel. La emoción sacudió de pronto su cuerpo y le agolpó la sangre en la cabeza.


3) “Ardiente Paciencia” de Antonio Skármeta

Quizás la obra más reconocida y entrañable de esta lista. Este libro nace de una frustración de Skarmeta: debía entrevistar al poeta y hacer una publicación al respeto, pero ni lo uno ni lo otro fue posible. Skármeta se preparó con rigor para la ocasión y al ver truncado su proyecto quedó con una buena cantidad de material al que decidió sacar provecho para convertir en una de sus novelas más reconocidas y que publicaría en 1985.

El éxito fue tal que en 1994 tuvo una reconocida adaptación al cine en Italia bajo el nombre de Il Postino, dirigida por Michael Radford.


La historia se centra en Mario Jimenez, un joven que renegando de su destino de pescador en Isla Negra, decide probar suerte como cartero, donde lo hacen responsable de un sólo cliente: el poeta. Paralelamente el joven desarrolla su fogosa historia de amor con Beatriz con quien vive con intensidad la pasión juvenil.

A continuación un extracto de los primeros encuentros de Mario con el vate:
Se proponía, en algún momento en que el vate le pareciera de buen humor, asestarle el libro junto con la correspondencia y agenciarse un autógrafo, con el cual alardear ante hipotéticas pero bellísimas mujeres que algún día conocería en San Antonio, o en Santiago, a donde iría a parar con su segundo sueldo. Varias veces estuvo a punto de cumplir su cometido, pero lo inhibió tanto la pereza con que el poeta recibía su correspondencia, la celeridad con que le cedía la propina (en ocasiones más que regular), como su expresión de hombre volcado abismalmente hacia el interior. En buenas cuentas, durante un par de meses, Mario no pudo evitar sentir que cada vez que tocaba el timbre asesinaba la inspiración del poeta, que estaría a punto de incurrir en un verso genial. Neruda tomaba el paquete de correspondencia, le pasaba un par de escudos, y se despedía con una sonrisa tan lenta como su mirada.

4) “Neruda” de Pablo Larraín

El 2016 fue el año que el director chileno dejó de lado por un momento los recurrentes personajes marginales de sus historias y se enfocó en grandes figuras, estrenando en el mismo período “Neruda” y “Jackie”. La primera se desarrolla en 1948 con la persecución política que el poeta y entonces senador comunista experimentó durante el gobierno de Gabriel González Videla, a causa de la Ley de Defensa Permanente de la Democracia, o también llamada “ley maldita” que tras el escenario de la guerra fría, declaraba ilegal al partido comunista y daba persecución a sus militantes.

La película ganó visibilidad y fue candidata a los premios Globos de Oro. La BBC al respecto emitió el reportaje “5 cosas que son reales y 3 que no tanto en `Neruda`, la película sobre el poeta chileno nominada a los Globos de Oro” que puedes revisar haciendo clic acá.

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