¿Y si la electrónica es el nuevo jazz?

Heráclito de Éfeso fue un pensador griego el cual afirmó hace unos 2.500 años que todo cambia permanentemente y que nada permanece… a excepción del propio cambio. Ok, no porque se trate de un griego milenario hay que dar razón absoluta a sus frases, pero en este caso se puede convenir que tiene bastante sentido. Basta hacer un poco de retrospectiva para dar cuenta que los cambios son inherentes a nuestra evolución como humanos. Dentro de esta vorágine dinámica se incluye también, y sin lugar a dudas, a la música.

Heráclito fue conocido también como "El Oscuro de Éfeso" y "El Adivinador".

Se podría decir que la electrónica ha ocupado en buena parte el rol contingente que tuvo el jazz en el pasado. Esto se debe ver desde el punto de vista de la adhesión que tienen – o tuvieron – estos movimientos musicales por parte de las masas. Es innegable que el jazz con el paso del tiempo, se ha mantenido a flote gracias a un segmento cada vez más pequeño (pero muy entusiasta) de adeptos, y que su valoración permanece mayormente en las generaciones adultas que alcanzaron a vivir algo de su apogeo. Tampoco podemos negar que la gente joven que escucha jazz (que es muy poca), está motivada por un sentimiento arqueológico a escarbar en el pasado y descubrir como eran entonces las experimentaciones. También, es rescatado frecuentemente por los adeptos a la nostalgia, que lo disfrutan como algo vintage. Puede que falten unas pocas décadas para que nos refiramos a este género sólo como una teoría de estudio, que al igual que la música clásica, son una influencia indudable, pero que prácticamente no existen en estado puro. La electrónica, por otro lado, siendo un fenómeno mucho más joven que el jazz, cada vez suma más adeptos, rebosa en popularidad, es reconocido y adoptado por músicos históricamente asociados a lo análogo o a la “tradicional forma de hacer música” y finalmente, poco a poco se ha ido validando en el mundo académico.

El presente artículo no busca enfrentar ambas corrientes, sino que aspira a poder levantar los prejuicios que históricamente se han promovido sobre la electrónica, un movimiento musical que es más grande de lo que sus detractores están dispuestos a admitir. A continuación, se plantean algunos puntos que buscan equilibrar un poco más la balanza, y que no hacen otra cosa que ubicar a la electrónica en un escenario con más similitudes que diferencias respecto al jazz.


VIRTUOSISMO

Los adeptos de lo análogo o a la “tradicional forma de hacer música”, suelen argumentar que no hay virtuosismo en mover perillas, sobretodo cuando hay un software detrás que regula los beats al compás requerido y acomoda cada nuevo sonido generado a la composición en transcurso. Pareciera entonces que el virtuosismo no tendría cabida en la ejecución de la electrónica, y que en el caso del jazz ebulle como volcán descontrolado. El virtuosismo se entendería entonces como la rapidez con que se obra sobre el instrumento musical, logrando acordes y escalas que parecen imposibles de ejecutar en estrechos lapsos de tiempo. Esta adoración en la forma de concebir virtuosismo (presente con frecuencia también en el metal), correspondería netamente a la admiración de una destreza física, como quien admira a un atleta y no algo más abstracto como es la música misma.

Batalla de guitarras veloces en la película "Crossroads" de 1986.

Finalmente, fueron los mismos grandes exponentes de lo “no electrónico” que, con el paso tiempo, se preocuparon de demostrar que no todo era virtuosismo, o mejor dicho, que esta cualidad no necesariamente estaba asociada a la velocidad de ejecución. Son muchos los ejemplos de grandes talentos del jazz que se han abocado a la búsqueda de la sencillez en su música. Claramente, no se trata de ejecutar algo simple, sino de encontrar una sencillez satisfactoria. En el lenguaje matemático, cuando se logra expresar una idea compleja (un teorema, por ejemplo) de forma sencilla, se habla que se obtuvo algo elegantemente satisfactorio. Lo mismo ocurrió con el jazz, que en varias ocasiones prescindió del virtuosismo para destilar un poco más de vida en cada nota o silencio ejecutado. Todo lo dicho hasta ahora me recuerda a la serie Love, Death & Robots. Hay un episodio en particular titulado "Zima Blue", donde un virtuoso pintor se empecina con la búsqueda de la trascendencia y la verdad en su obra. Esta búsqueda lo lleva a reemplazar la mayor parte de su cuerpo por tecnología androide, convirtiéndose en una entidad altamente compleja. Finalmente, la búsqueda de la verdad pura lo hizo prescindir de su estructura, convirtiendo su cuerpo de androide en una sencilla pero funcional unidad robótica que se dedicaba a limpiar piscinas. El episodio cierra con palabras del protagonista: “Me deshago de mi mismo, dejando sólo lo justo y necesario para apreciar mi entorno. Para disfrutar del placer de un trabajo bien hecho. Por fin concluye mi búsqueda de la verdad. He vuelto a casa”.

El episodio "Zima Blue" de la serie Love Death & Robots


PARALELISMOS

El jazz y la electrónica, al encontrarse ambos en su estado más salvaje, pierden la mayor parte de sus lineamientos estructurales, dejando así un amplio espacio para la locura de la improvisación. Ambas corrientes musicales entran en el mismo ritual donde se desconoce lo que vendrá en el futuro inmediato, favoreciendo una experiencia excitante en escena. Por sobre todo, la gente que lo escucha, sus adeptos, esperan que así sea. Desaparece así el “efecto karaoke”, donde los entusiasmados fans esperan cantar a todo pulmón ese estribillo pegajoso que ya sienten como suyo. Esto se reemplaza por un sugerente “No puedes saberlo todo, déjate llevar”.

Más allá del hecho de que hoy en día existan proyectos que fusionan a ambos, el jazz y electrónica suelen incluso ser similares en sus diferentes variantes. A continuación, se presentan dos paralelos concretos que ejemplifican estas similitudes.

En los eventos de alta costura, del mundo empresarial o — para despejar toda duda de una vez — de la clase social alta, generalmente se esperaba oír de fondo un jazz de salón interpretando standards que se alejaban de todo virtuosismo e improvisación, más bien todo lo contrario, eran composiciones correctas, dulzonas, livianas y predecibles. En los últimos años, en estos mismos eventos se puede escuchar mayormente un beat electrónico alegre, suave y festivo. Lo que ahora anima estas veladas es un ritmo denominado House, comandado generalmente por un DJ tras su mesa de máquinas. Al igual que el jazz de salón, el House no se permite riesgos ni disonancias.

El ritmo del "House" se tomó los grandes eventos de gala.

Entre la década de los cuarenta y los sesenta del siglo pasado, el jazz vivió su laureada época de oro. Calurosos clubes tomaban vida toda la noche de la mano de sudorosos músicos que se dejaban llevar por sus intuiciones más fundamentales en la ejecución de sus instrumentos. Muchas veces ese estimulo se hacia durar gracias a las drogas en boga de la época como la heroína. En estos sucuchos se vivía un jazz más salvaje, experimental, que buscaba noche tras noche una nueva forma de expresarse. Muchos de los grandes nombres salieron de ahí. Hoy en día, se vive un efecto bastante similar, con el tecno, una de las ramas más oscuras de la electrónica que se diferencia por sus beats más espesos y compulsivos. Los inicios del tecno en Europa se dieron en pequeños sucuchos donde la gente disponía de éxtasis y se dejaba llevar por el beat. Cambió la música, cambiaron las drogas, pero el ritual en los dos casos antes expuestos, los eventos de clase alta y los sucuchos, era exactamente el mismo.

Charles Mingus, Roy Haynes, Thelonious Monk y Charlie Parker. Juntos en septiembre de 1953.


EL INEVITABLE CAMBIO

Todos los cambios a los que se ha visto sometida la música a lo largo de los años tienen que ver con el hecho que nos referimos a ella como algo vivo. Esto se explica de mejor manera si se entiende la música como un lenguaje, una forma de expresión no secundaria, sino que tan válida y vigente como hablar o escribir. Un ejemplo de cambios en el lenguaje se encuentra en la misma lengua española, de la cual la RAE no ha parado de actualizar su inventario de palabras por encontrarse en constante renovación, debido en gran parte a las comunidades que con el paso del tiempo generan nuevas palabras, les dan nuevos significados y dejan otras en desuso. Es así como el lenguaje va cambiando con el paso del tiempo y la música no es la excepción a la regla, ya que cuenta con mismas características mutables. Ok, puntos para Heráclito.

El lenguaje va cambiando con el paso del tiempo y la música no es la excepción.

Para ir dando cierre al presente artículo, podemos aseverar que culturalmente el impacto de la música electrónica es innegable. Renegar de su posición actual es como tratar de evitar la dirección inherente de la vida que es ir hacia adelante. La música es una entidad viva, y no sólo a causa de sus ejecutores, sino que también por la gente que la escucha y disfruta. Es en esta dinámica de estas dos partes que la música se va viendo sometida a cambios en el tiempo, obedeciendo a los atributos mutables del lenguaje.

Jazz y electrónica, han presentado cada una en su tiempo, experimentaciones, formas de expresión y audiencias que resultan similares entre si. Debido a esto es que actualmente, se podría decir que la electrónica ocupa un lugar muy parecido a lo que fue el jazz en su época dorada. Es tiempo de liberar prejuicios y convencernos de una buena vez, que llevamos años sumidos en una época dorada electrónica que no ha dado siquiera indicios de desgaste ¡Si hasta el griego Heráclito lo confirma!

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